Parque porteño en distintas estaciones
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Estaciones en CABA: qué esperar

Cita del día:

Buenos Aires se caracteriza por un clima templado húmedo, con una transición suave entre estaciones y una humedad que marca el pulso de la vida urbana. Entender los rasgos de cada período del año ayuda a planificar desde la ropa hasta la movilidad cotidiana.

El verano, de diciembre a marzo, llega con máximas que suelen moverse entre 28 y 33 °C, aunque en olas de calor pueden superar los 36 °C. La humedad eleva la sensación térmica, especialmente por las tardes, y las tormentas convectivas de fin de día son un clásico: rápidas, eléctricas y con chaparrones intensos. En esta época, llevar ropa ligera y transpirable, protector solar y una botella de agua es clave. Es frecuente que el pampero irrumpa después de una secuencia calurosa, limpiando el cielo y bajando la temperatura de manera notoria en pocas horas.

El otoño, entre abril y junio, ofrece una meseta amable. Las máximas rondan los 18–24 °C en abril y van descendiendo hasta los 15–19 °C a fines de mayo. Los días se acortan y aparecen mañanas frescas con tardes templadas. Es la estación más recomendable para caminar la ciudad: cambian los colores de los árboles y la brisa del río se vuelve más seca. Un abrigo liviano, un buzo y calzado cómodo suelen cubrir la mayoría de las situaciones. Las lluvias se vuelven menos explosivas y más persistentes, con lloviznas que pueden acompañar jornadas enteras.

El invierno, de junio a septiembre, es relativamente suave en comparación con otras latitudes. Las mínimas cercanas a 5–8 °C en noches frías y máximas entre 11–15 °C son lo más habitual. No es extraño que algunas irrupciones de aire polar bajen las marcas a valores de un dígito durante varios días. El viento del sur intensifica la sensación de frío, por lo que un buen abrigo, bufanda y calzado impermeable hacen la diferencia. Las heladas son poco frecuentes en el centro, aunque pueden darse en el conurbano. Las lluvias son moderadas, y los días despejados después de un pampero ofrecen postales nítidas de la ciudad.

La primavera, de septiembre a diciembre, es la estación más cambiante. Pueden alternarse mañana frescas con tardes cálidas en una misma semana. Floraciones como los jacarandás tiñen de violeta la ciudad y anuncian la transición al calor. Los sudestadas ocasionales aportan humedad y marea alta, incluso nieblas costeras durante la madrugada. Vestirse en capas es la mejor estrategia: remera, camisa o buzo liviano y una campera corta resuelven la variabilidad.

En conjunto, el clima porteño demanda atención a los microcambios. Consultar el pronóstico antes de salir, preparar un plan B frente a lluvias y elegir materiales respirables o impermeables según la estación permite disfrutar la ciudad en cualquier época. Con esa base, cada paseo, recital al aire libre o tarde de café en veredas se vuelve más previsible y placentero.

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